ANIVERSARIO

Estoy trabajando en una serie de imágenes con las que, tal vez inconscientemente, he ido forjando un pequeño homenaje al ser que perdí el 25 de Mayo del año pasado.  Me parece que a partir de aquélla fecha me di cuenta de que todo era más banal de lo que había creído, excepto eso, la muerte.  Uno actúa cada día con la certeza incontestable de que habrá otro día como ese, y otro más después y así.  Hasta que de pronto el ser deja de ser.  Y uno se encuentra en una casa abandonada buscando la presencia que apenas un rato antes impregnaba los muros con su existencia.  Parece injusto que la piedra continúe ahí, inalterable, indiferente, superior en su permanencia y en cambio el ser excepcional se desintegre meticulosamente en una última osmosis orgánica inaplazable.  La piedra es el testigo, los muros son testigos, el campo que recorrió vuelve a florecer un año después, sus objetos siguen ahí, hasta su olor permanece en ellos.  Pero sólo queda la memoria y el dolor guardado en una urna hermética junto con la felicidad vivida, hermanos inseparables y directamente proporcionales.  Me pregunto si sentiré este dolor por los seres humanos que perderé.  Supongo que sí.  No lo sé.  Cada ausencia hará su propio hueco.  Aceptar la muerte es parte, ahora lo sé, de la vida.  Uno pierde frente a ella, la soberbia acumulada y aprende a recorrer junta a ella el resto del camino.  Lo digo con optimismo.  Aunque no lo parezca.


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