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ESCUELA Y CREATIVIDAD

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Entradas populares de este blog

ÉRASE UNA MUJER A UNA NARIZ PEGADA

Escribir sobre un olor es complicado.
¿Cuántos olores puede uno recordar que hayan marcado la memoria como para resucitar en adjetivos?
El olor a semen y a sangre serían los olores primigenios para cualquier mujer si fuéramos honestas con nosotras mismas. El uno huele a sal, a huevo pegajoso mezclado con yogur, a sudor y a siesta de verano, a fin, a siembra, a leche agria, a sexo; la otra a tierra removida, a dulce putrefacto, a vida o muerte según el tiempo que haya sido expuesta al aire, como un caracol que se seca desnudo de su cáscara; a sexo también, a vergüenza adolescente, a grito y a dolor, a nada comestible.
El olor a pan caliente. El olor a coliflor recién cocida que se parece tanto al de una rata. (No lo digo por decir, es verdad que huelen parecido. De hecho descubrí por el olor, que me estaban entrando ratones en mi piso madrileño). El olor de las tartas de sobre que hacía mi padre norteamericano en las tardes de domingo, mientras nosotras jugábamos al julepe con mi abu…

EL TABURETE DE FRANCIS BACON

Siempre me he preguntado cómo determinadas obras de arte consiguen derribar, como un misil, la estructura que hemos edificado cuidadosamente para poder vivir.

Si nuestro pensamiento está estructurado y construido básicamente sobre el lenguaje: ¿Cómo es que una imagen puede concentrar miles de experiencias comunes y llegar, como una flecha, a insertarse en el centro mismo de nuestra sensibilidad, expandiéndose en significados primitivos, pero sofisticadamente cerebrales e íntimos? Como un olor, que llegara por un atajo al núcleo del ser, sin pasar por la razón.

Estoy hablando de Bacon, naturalmente.

Sin haber vivido una realidad violenta, sin haber experimentado el placer sadomasoquista (o al menos no tan literalmente como para volver a veces con la cara hecha un cuadro como él); sin haber sido gay en un tiempo en el que todavía ser homosexual significaba estar fuera de la ley, puedo, sin embargo, entrar en muchos de sus cuadros, sentarme en ese escueto taburete y reconocerme bajo la…

HERE'S JOHNNY!

¿Qué pasaría si les enseñásemos a nuestros hijos que los malos siempre ganan? Porque ganan;y si no ganan, no pierden y si alguna vez pierden, no pagan.
Me gustaría hacer el experimento. Sacar conclusiones del comportamiento de niños que crecieran sabiendo desde pequeños la cruda realidad.No sé muy bien para qué. Tal vez para comprobar que el cerebro reptiliano se adapta a la lucha de ratas inmediatamente, le cuenten cuentos o no.Tal vez para verificar que seguimos siendo seres de instintos básicos que nos condicionan en un grado inimaginable, junto con el puñado de genes heredados que nos etiquetan la frente como un vulgar código de barras de Carrefour de barrio.
Seguramente existirían las excepciones, los que, a pesar de todo, estuvieran en desacuerdo con los relatos y quisieran cambiar los finales, enderezar los destinos, imponer la justicia intuitiva.Eso va también en los genes.El gen de la justicia.Los abocaría a la extinción...
Uno se pregunta si a la población americana que vo…