LOS NUEVOS CONQUISTADORES

Protestan, existen, opinan, son.  Los hay.  Siempre los habrá.  Son necesarios.  Estaríamos perdidos sin ellos.  La injusticia del sistema que importamos es tan flagrante, tan mezquina, tan increíblemente absurda, que el que aún tiene poco que perder y mucho que dejar de ganar sale a enarbolar su rabia por bandera.  

La juventud protesta entre divertida e indignada, allí donde no se juega la vida por protestar, excitada y asustada donde sí se la juega.  No tiene aún el discurso cuidado de los tertulianos a sueldo, que pasean por radios y televisiones los rancios vestigios de lo que fue su adolescente.  No tiene aún colmillos afilados para  romper fácilmente la dura nuez de su propia ética.  No recibe trajes a cambio de  favores ni duerme el sueño socialista en suites de 3.000 dólares la noche.  Aún no ha sido comprada.  Sin duda el sistema se ocupará de ella. Pero algunos de sus componentes, en algún lugar, habrán cambiado algo, habrán modificado la historia, moviéndola apenas unos milímetros, lo suficiente a veces, para que el tren termine en una estación distinta. 

Ya que luchamos de maneras más resguardadas, hay que apoyar el entusiasmo, el grito, la capacidad de incomodar al poder.  La mosca cojonera es imprescindible, el papel del bufón incómodo es decisivo para   bajar al poderoso al suelo que apenas pisa.   Otro mundo es posible.  Por supuesto.  Es cuestión de creer en la fuerza común, la fuerza de una voz única y múltiple.  Si Gandhi supo hacerlo y Mandela supo hacerlo y los países árabes acostumbrados a dictaduras religiosas están haciéndolo y las minorías étnicas han sabido hacerlo, si las mujeres lo hicieron; ellos también sabrán cómo ganarse a pulso los derechos, esos que una vez ganados, disfrutaremos todos.   Si no lo consiguen hoy, será mañana.  Si no lo consiguen estos jóvenes serán los que vienen detrás.    

Los ojos de esta gente brillan como brasas, sus proclamas nos defienden, su lucha nos protege.  Si alguien les pone la mano encima para proteger la campaña electoral, como ha declarado la Junta Electoral Provincial, le pondrá la mano encima a la libertad de expresión en estado puro.  Puede salirles muy cara.

Esta potencial "generación perdida" (según palabras del soberbio y humillado ex-director del FMI) se indigna y reclama voz en su propio entierro, se busca desesperadamente antes de darse por perdida.   

El futuro es una conquista del presente y hoy se libra una batalla pequeña, lluviosa, espléndida y valiente.  










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