EL DEBE Y EL HABER


Si uno hiciera balance al final del año, si el debe y el haber de la vida se tomaran como tales, las cuentas no saldrían. Uno recordaría tantas malas “noticias” que poner en la balanza que la pobre se saldría de sus goznes. 

Pero las cosas no son así.  Los momentos luminosos de la vida son fugaces pero intensos y no se relacionan directamente con la importancia que puedan haber tenido en nuestra existencia.  Simplemente son y siendo nos dan motivos para seguir viviendo.  (Me ha salido rimado).

En mi caso, este año queda marcado definitivamente por el lenguaje olfativo.  Un lenguaje previamente ignorado, descubierto por el azar de un perfumero exhaustivo y amable, que me contó con palabras mágicas, hace unos años, lo que llevaba cada perfume que probaba.  Sembró, sin saberlo, la semilla de la curiosidad y el fruto es este botín de olores que conservo como un tesoro robado, con el que voy experimentando, escribiendo palabras fragantes, frases olorosas, cantos complejos como sinfonías.  Cada frasco etiquetado con palabras hermosas como Salvia, Almizcle, Palisandro, Junco Oloroso, Mirra, Basílico Sagrado, Jazmín, Fragonia, Benjuí, Palmarrosa, Litsea Citronada, Geránio de Egipto o Rosa de Damasco. Nombres de esencias ancestrales, me alegran la imaginación y la nariz, aburrida durante 52 años de oler lo cotidiano.  Hoy, me siento un poco alquimista, un poco maga fantástica, cuando abro mi caja de esencias y paseo la nariz por ese perfume innombrable que se forma con la mezcla de todos.  Un perfume misterioso ya que es todos y ninguno, es un olor en sí mismo, diferente, independiente y vivo.   Y el placer es grande, hueco, alto y lleno de plumas de colores. 

Los paseos con mi perra también son un placer, que no por ser obligatorios dejan de tener a veces una claridad casi crujiente, una soledad permeable y rica, una ternura de la que me alimento cada día.  Hace nada mi perra se paseaba feliz por una playa francesa, sus tres patas cómodas en la arena suave e infinita, su pelaje sin collar, su mirada asombrada abarcando como podía tanta agua, esquivando y buscando las olas que venían a lamerle una y otra vez las patas, cuando apareció galopando un jinete sobre un caballo blanco, llevando a otro caballo de las riendas. Atravesaron, los tres, toda la playa en un segundo, con un estrépito de espuma y “joie de vivre”, dejándonos a todos atónitos y  borrachos de belleza, sabiendo que no podríamos describir el esplendor de la escena.  Si mi perra no me hubiera sacado a pasear me lo habría perdido.  Mis perros siempre me han dado mucho más de lo que yo he podido devolverles.  Eso también está en mi haber no matemático. 

Este año 2013 he descubierto que tenía más amigos de los que creía tener o mejor dicho, que mis amigos son y están cuando hace falta.  Eso suele pasar cuando a uno le diagnostican algo serio.  Es un poco como asistir al propio entierro, uno cotillea quién le llora y quien no.  Fuera de bromas macabras, he podido comprobar que era querida, por todos mis amigos.  Gracias, Tucha, Mati, Isabel, Paul, Manuel, Carmen, Cristian, Lilian, Malcolm, Fran, Claude, Eva y tantos otros.  Qué hermosísimo regalo. 

Y cambiando de tono, he alquilado un piso a una persona encantadora que cuando se estropea tres veces el horno y le pido disculpas, me contesta que esas cosas “no son importantes” y realmente piensa que no lo son.  Excepcional.  Gracias Eva.

Me he comunicado con un anarquista, libre hasta la médula, que guarda su misterio bajo seudónimo y que me ha animado, con sus comentarios, a seguir escribiendo este blog íntimo para cuatro gatos.  Su opinión, su crítica – siempre mezclada con algo de humor – cuenta para mi.  Gracias Loam.

He adoptado este año a dos sobrinas.  Uno puede elegir también a su familia.  Irene y Concha.  Acantilado y mar, lucha y dulzura.  Me hacen falta las dos.  Las dos me han apoyado y las dos en algún momento, me han necesitado, que es muy importante. 

He tenido un encuentro personal e increíble con un filósofo al que admiro y respeto: Michel Onfray.  Un encuentro en el que descubrí a un hombre herido, desconfiado, generoso y fuerte, consciente de su posición, pero con el niño siempre en carne viva, dominando la vida del adulto.  Ayer supe que había muerto su compañera de hace 37 años.  Me dolió oírlo.  Nunca le daré el abrazo que la admiración y la falta de confianza me impidieron darle.  Desde aquí se lo doy, un abrazo con el que quisiera quitarle esa pequeña amargura que la vida le ha ido depositando en la mirada, esos cardenales que los golpes de la injusticia dejan en el alma, si es que existe.

La casualidad decidió este año que el mismo mes en que Michel Onfray perdía a su compañera tras 13 años de cáncer de pecho, me diagnosticaran a mí uno.  Me operaron un martes 13 y cuatro días después estaba en la inauguración de una exposición en la que participaba.  He podido decidir no pasar por quimio ni radio (me estoy jugando la vida a la 7 y media) y digo he podido decidir porque mi cuñado y mi hermana (patólogos y expertos en cáncer) lucharon como leones para asegurarse de que no sufriera lo que no fuera imprescindible sufrir y de que yo decidiera por mí misma, no siguiendo un protocolo de hospital.  También en eso he tenido, gracias a ellos, suerte. 

Y podría seguir enumerando cosas buenas que la memoria decanta si se pone a ello.

¿Cuál es pues el balance de este año curioso que termina?

Descartando la política, el gobierno, los bancos, los desahucios, los recortes, la estupidez y el retroceso social a tiempos de señores bajitos con bigote, es decir, lo que cuentan cada día los periódicos y que nos afecta a todos, amargándome, por tanto el día a día; este para mí, ha sido un año afortunado.

Comentarios

  1. Como a Raimon, también a mi me ha emocionado esta " Meditación errática de un ser con tiempo", un tiempo al que le has plantado cara, así eres tú, y yo, que Isabel, la casualidad, el destino, o vaya usted a saber, hizo que coincidieramos, me siento afortunada y mucho. GRACIAS Sandra.
    "... No importa aquello que se dice, sino lo que nunca es necesario decir" (desconozco el autor de la cita, pero tal cual)
    Mati

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